domingo, 22 de agosto de 2010

Un oasis en el pinar

El verano tórrido y reseco en estos pinares de la meseta norte dificulta mucho la vida diaria de muchas de las aves que los habitan durante todo el año. Solo el ruido incesante de las cigarras y el polvo de la arena entre la hierba seca es la nota dominante de este mundo de calor agobiante pintado de ocres y amarillos intensos. Pero este año, hay algo distinto, un pequeño, muy pequeño oasis en lo profundo del bosque de pinos austeros y de la tierra seca.

Esta es la breve crónica de como pensamos a finales del invierno mejorar el bebedero y comedero que teníamos en el pinar para intentar conseguir fotografiar a una de sus aves más emblemáticas y que se nos había resistido hasta el momento; el precioso pico picapinos. Durante un año no habíamos conseguido a penas unas pocas fotos, muy casuales de esta ave, y este año nos propusimos intentarlo de otra forma. Nos dispusimos a poner en práctica la teoria que explica la fidelización y falta de temor a nuevos entornos de las aves jóvenes. Según la cual los pájaros, esto en base a pruebas realizadas con córvidos, presentan una falta de temor y una curiosidad innata hasta los cuatro meses de vida, en los cuales se adaptan muy bien a nuevos entornos demostrando muy poco temor hacia las novedades. A partir de los cuatro meses las aves cambian de forma radical su comportamiento manifestando temor por lo nuevo y una actitud precavida ante cualquier cambio en su entorno.

Con estas ideas en la cabeza recolocamos el bebedero y el comedero en una nueva zona del pinar, adecuada de orientación de luz, fondos y demás necesidades fotográficas y con palpable población de picapinos en el entorno.



Uno de los cambios que hicimos más apreciables fue el disponer de un recipiente con más capacidad de agua, anexo al que usamos para fotografiar, para mantener el agua todos los días y evitar que el sitio permaneciera seco en algún momento.



De esta forma, y no con poco sacrificio, hemos mantenido desde el invierno hasta ahora este pequeño oasis siempre con agua y comida, sin que haya faltado ni un solo día.



Los resultados no se hicieron esperar y ya a finales de primavera y principios de verano comenzamos a recibir la visita de pequeños picapinos muy jóvenes. Fue asombroso para nosotros ver tal cantidad de estas aves usar el bebedero y también el comedero a lo largo de los días que hemos estado observándolos y fotografiándolos. Todos jovencitos y de este año. El cambio ha sido muy significativo ya que ni uno de los adultos se nos ha posado, por lo menos que lo hayamos visto, pero si gran cantidad de jóvenes.

Ahora en estos momentos una variedad apreciable de picapinos en diferentes estadios de desarrollo visitan el conjunto del bebedero-comedero. Algunos muy jóvenes todavía que presentan aún el plumaje juvenil, y otros ya con el reciente plumaje de adulto recién estrenado. Se pueden distinguir los juveniles por su bonete rojo (píleo) en la cabeza, el color rosa en las plumas ventrales y su tamaño más pequeño principalmente.





Y a los que ya muestran el diseño adulto, por el color rojo intenso de las plumas de la nuca solo en los machos, y el plumaje rojo intenso también en las plumas ventrales tanto en machos como en hembras, además de un tamaño mayor.







Los jóvenes picapinos se han adaptado al entorno en el que han nacido y aceptado el bebedero-comedero como parte de su hábitat normal.

Aquí podemos ver a un ejemplar con plumaje juvenil dándose un chapuzón:





Y otro mostrando una conducta que repiten a menudo en los días calurosos, como es el de empaparse las plumas del pecho:



Tal es el caso que incluso comparten el bebedero-comedero con otras especies pequeñas, gorriones molineros, carboneros, capuchinos, etc.



Y alejan a especies más grandes como los estorninos que han empezado a competir con ellos en este último año, siendo su presencia mayor en el pinar que en años anteriores.



Ahora esperamos con ilusión que las aves sigan usándolo de adultos. Pero a pesar de todo, y del interés fotográfico que nos despierta, lo que más nos gusta es la función que está realizando en este entorno tan hostíl, tanto en el verano tórrido como en el invierno crudo y frío que vendrá. Nos hemos dado cuenta de la cantidad de pequeñas aves que permanecen este verano por la zona. Muchas juveniles y empezando casi a volar. Hay grupos que lo visitan a diario de varias especies, y nos llena de alegría contribuir a que vivan y a que aunque sea un granito de arena, en esta región nuestra donde la deforestación es palpable y la protección de las aves del todo insuficiente, por lo menos en este pequeño oasis del pinar un grupo de pájaros sobrevivirá a los rigores del medio hostil. Y eso es ya suficiente recompensa para nosotros.

Muchas gracias por vuestros comentarios, y esperamos que os haya gustado este breve reportaje y las fotos que lo acompañan.

Hasta la próxima.